07 Oct EMBARAZO Y TOXOPLASMOSIS | Actualización y Consejos
Si estás embarazada, seguro que tu médico te ha pedido una serología de Toxoplasma. Quizá, lo único que te suene de esta enfermedad es que puede provocar abortos y malformaciones en el feto. Rara vez, el médico o el ginecólogo nos explica en la consulta qué es exactamente la toxoplasmosis, cómo se transmite y los riesgos reales de tener una mascota en casa. Es más, aún, con relativa frecuencia, por desgracia, muchos profesionales aconsejan alejarnos o deshacernos de nuestro animal.
Así que, si el tema te preocupa, o planeas tener un bebé, aquí te contamos todo lo que debes saber sobre la toxoplasmosis.
¿Qué es exactamente la toxoplasmosis?
Se trata de una enfermedad provocada por un parásito llamado Toxoplama gondii. Es un protozoo que necesita vivir en el interior de las células y puede infestar a cualquier animal de sangre caliente.
En personas, se estima que el 40 % son seropositivas, es decir, que han tenido contacto con el parásito y han desarrollado defensas frente a él. Según el estado inmunitario de la persona, se pueden presentar diferentes cuadros clínicos.
En personas inmunocompetentes puede pasar sin síntomas o con síntomas leves, similares a una gripe.
En personas inmunodeprimidas, pueden aparecer síntomas graves como neumonías, problemas cardíacos y meningitis o encefalitis. El contagio puede ocurrir durante el proceso de inmunosupresión o bien ser un contagio antiguo que se reactiva debido a la bajada de defensas.
En embarazadas, sólo si no tienen anticuerpos por contactos anteriores con el parásito y la infección ocurre durante la gestación, puede provocar abortos, malformaciones y graves secuelas neurológicas en el feto. Si la mujer es seropositiva, el parásito no puede atravesar la placenta y el feto está protegido.

¿Qué importancia tiene en los animales?
Cualquier animal de sangre caliente puede estar parasitado por Toxoplasma. Tras la infestación, el parásito queda acantonado en sus músculos y sus vísceras.
Sólo en el gato, el parásito es capaz de completar su ciclo biológico, llegar a adulto y eliminar sus huevos (ooquistes) a través de las heces. Este proceso sólo ocurre cuando el gato se infesta por primera vez, durante un período de 1-3 semanas. En este tiempo, su sistema inmunitario produce anticuerpos protectores que impiden el desarrollo del parásito, quedando éste acantonado en sus músculos y vísceras, igual que en el resto de animales.
¿Cómo nos contagiamos con este parásito?
Por lo explicado anteriormente podemos deducir que el Toxoplasma se transmite por ingestión de carne cruda o mal cocinada y por agua o alimentos contaminados con heces de gato.
De forma sencilla, podemos explicar el ciclo así:
- El gato ingiere el parásito al comer, por ejemplo, un ratón.
- Durante unos días, elimina el parásito a través de las heces; estas heces contaminan los suelos, hierba, pesebres y otros lugares donde puedan beber o alimentarse otros animales (ejemplo: un ratón que se come una lombriz o una vaca que come hierba contaminada).
- Estos animales se infestan y mantienen el parásito en sus vísceras y musculatura, pudiendo volver a infestar a otro animal o a una persona al alimentarse de su carne (ejemplo: un gato se come al ratón; una persona come carne de vaca).
Si tengo un gato en casa y estoy embarazada, ¿tengo que hacerle una analítica de sangre o de caca para saber si está infestado?
No. La realización de serologías o análisis coprológicos no tiene interés para conocer la posibilidad de contagio.
La mejor manera de evitar que nuestro gato se infeste de Toxoplasma es utilizar dietas comerciales. Si se da comida casera, esta debe estar cocinada o congelada, como hemos descrito antes. Podemos evitar que cace poniéndole un cascabel. Debe beber agua potable. Y debemos limpiar diariamente sus areneros.

Sólo realizamos estas pruebas ante un gato enfermo, en tratamiento con inmunosupresores, con síntomas compatibles con la enfermedad, para confirmar o descartar que el cuadro clínico esté debido a este parásito.
Los veterinarios somos un colectivo que tenemos contacto directo, diario, con gatos de diferentes procedencias y, sin embargo, no presentamos un índice de seroprevalencia mayor que personas con otras profesiones, lo que indica que el contacto con gatos no aumenta el riesgo de infección con Toxoplasma.
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